El sustrato idóneo

El pequeño y accidentado territorio de La Rioja Alavesa se extiende en múltiples terrazas, bancales, pendientes y lomas de suelos homogéneos, de tipo arcilloso-calcáreo y un característico color ocre amarillento. 

Sobrio, equilibrado, de rendimiento moderado y con los nutrientes justos: este tipo de suelo reúne las condiciones óptimas para el cultivo de la vid y para garantizar la estabilidad y la calidad de los vinos.